Tanto se habló de la importancia del pasillo del Barça de ayer, que los culés se olvidaron de lo que venía después. Tanta apatía en un Madrid-Barça es casi inédita, y a los espectadores neutrales nos dejó sin la intensidad de estos partidos, lo único hasta ahora siempre garantizado en los derbys. Eso sí, facilitó el que viéramos unos cuantos goles e incluso intentos de lujos merengues, la mayoría abortados en su origen por impreciosiones blancas antes que por patadas blaugranas. No quiero ni pensar la que le podía haber liado el Barça de hace un par de años al Madrid de hace un par de años si los madridistas hubieran salido a jugar como lo hicieron ayer los de Rijkaard. El orgullo, hasta ayer presupuesto, demostró ayer ser casi imprescindible a la hora de saltar al campo. Ni siquiera la amenaza de criba en el vestuario culé fue capaz de motivar a unos jugadores que tienen conciencia de que las decisiones ya están tomadas, y de que un segundo puesto en la liga no es motivo suficiente para correr también sin la posesión del balón.
Y eso fue! 4 - 1. A ver si el año que viene los 2 Barça-Madrid del año tienen trascendencia en la clasificación y la emoción que deben tener estos partidos…


